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Por Attila Vass, Director Global de Consultoría e Ingeniería
Las grandes empresas suelen gestionar cadenas de suministro complejas y plurianuales en las que intervienen docenas de proveedores, herramientas personalizadas y calendarios de producción estrechamente integrados. Cuando se cancela un programa importante, ya sea por cambios en el mercado, en la normativa o por reajuste estratégico, la pérdida inmediata de valor estratégico es sólo el principio. En cuestión de días, los proveedores presentan reclamaciones de cancelación por herramientas, equipos, inventario y trabajo de desarrollo.
Estas reclamaciones pueden ser arriesgadas, polémicas y técnicamente oscuras. Los valores varían mucho en función de la calidad de la documentación, el estado de los activos y la interpretación contractual. En muchos casos, los propios proveedores pueden no disponer de registros completos o fiables.
Gestionar este proceso sin un apoyo estructurado expone a las empresas a gastos excesivos, litigios prolongados y trastornos operativos.
Aquí es donde el enfoque basado en pruebas de TRIGO aporta un valor cuantificable: verificando de forma independiente el derecho, la cantidad y el valor recuperable de cada elemento reclamado, y preparando a continuación una documentación lista para la negociación que resista el escrutinio comercial, jurídico y técnico.